Pérdidas

Posted by Clau Palacio

Sigue adelante aún a pesar de las pérdidas
¿Quién en su vida no ha experimentado una pérdida? Si  somos honestos, podemos ver que de una u otra forma en algún momento de nuestras vidas hemos experimentado esa sensación de alguien o algo que ya no está más a nuestro alrededor.

Hay muchas clases de pérdidas en nuestras vidas…divorcios, enfermedades, muertes de seres queridos, amigos, compañeros, mascotas, cambios emocionales, cambios de empleos, de vivienda, de lugar de residencia, entre otros. Hace un tiempo escuché algo que me llamó la atención, por su simplicidad y su profundidad acerca de este tema.

Había tenido la idea que los duelos se hacían cuando algún ser querido se iba, pero lo que nunca me imaginé era que aún los cambios más pequeños en mi vida eran dignas de ser honradas con un duelo. Cuando tomé consciencia de esto, me dediqué a escribir acerca de aquellas cosas que las había pasado por alto y que se merecían que les dedicara un tiempo para decirles adiós. Me sorprendió ver con que naturalidad, pude visualizar desde la más pequeña pérdida hasta las más grandes que he tenido en mi vida. Entre el listado de pérdidas se encontraban:

  • El día que mi madre me cortó el cabello tan corto que sentí que había perdido mi identidad de niña.
  • Las frecuentes mudanzas entre una ciudad y otra, y todo lo que eso conllevaba consigo: nuevas amistades, nuevos profesores, nuevos entornos y sus respectivas adaptaciones.
  • La pérdida de un año escolar y cambio de país.
  • Amigas y amigos, sonrisas, juegos.
  • Los abuelos, los primos y familiares, que habían dejado este mundo.
  • Una hermosa chow chow llamada Yuma.
  • El color oscuro de mi cabello, que un día decidió transformarse en gris plateado.
  • La piel tersa y suave de mis años de juventud.
  • Y por supuesto, los novios, maridos y parejas con quienes había compartido momentos inolvidables, y que quedarían grabados en mi mente y mi corazón.

Fueron muchas las pérdidas a las que honré y de las cuales aprendí muchísimo. Ya sé que algunas pueden parecer sencillas, pero hoy creo que cada día me ayudan a estar al tanto de las pequeñas y grandes cosas que un día están y otro día se han ido.

Lo que descubrí con este ejercicio, era la cantidad de dolor que había ido acumulando, y el con el rabia, tristeza y desesperanza. Aprendí que el dolor no es un proceso para nada ordenado, ni lógico y que la mejor manera de pasarlo es sintiéndolo. Esta fue tal vez la parte más complicada para mí, porque me costaba mucho aceptar que lo que un día fue, ya no era. Una de las pérdidas más grandes que he experimentado en mi vida, ha sido la partida de mi hijo al cumplir su mayoría de edad. El vacío que dejó su partida, generaba un hueco que se hacía cada vez más y más grande; con el silencio que emanaba de su habitación. Aquel espacio que un día estuvo lleno de risas, alegría y música; un día se apagó. Y con su partida me apagué yo también.

Fueron momentos muy duros e intensos, todo me recordaba su presencia; y aunque no había muerto las circunstancias particulares de su partida hicieron que lo sintiera así. Entré en momentos de desolación y profunda tristeza. En algunas ocasiones, tenía miedo de mi propio dolor. Pensaba que si comenzaba a llorar, tal vez nunca sería capaz de parar. Quise luchar contra todo, pero la amargura me venció en esos momentos. Entonces apareció ante mí algo que cambió mi forma de percibir esa dolorosa pérdida. Leí un extracto del libro “On Death and Dying” de Elisabeth Kübler-Ross, psiquiatra y la  autoridad más respetada dentro del campo de la muerte y el proceso de morir. Dónde explicaba las etapas del duelo y me ayudó a entender el proceso que estaba viviendo.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que los dolientes no pasan por este proceso en un orden, como lo mencionaba anteriormente con el dolor. De modo que nos permite iniciar un proceso de aprendizaje, que nos llevará a comprender que es posible vivir con la pérdida y continuar con nuestras vidas.

Aunque este trabajo ha sido realizado pensando en la muerte física, es también aplicable a lugares, situaciones, mascotas y todo aquello que considere como algo que he perdido en mi vida.

Etapas del proceso de duelo:

  1. LA NEGACIÓN: Este es un estado de trauma, aturdimiento, pánico y negativa a aceptar y reconocer la nueva realidad. En esta etapa hay mucha ansiedad y miedo. Tal como dice Melody Beattie en su libro “Ya no seas codependiente”, la negación es el parachoques del alma. Es una reacción instintiva y natural ante el dolor, la pérdida y el cambio. Nos protege de los golpes de la vida hasta que somos capaces de reorganizar nuestros recursos para afrontar dichos golpes.

 

2.    LA IRA: Cuando dejamos atrás la negación y dejamos de ocultar la realidad, sale a flote una dolorosa realidad que causa enojo y resentimiento. Es una etapa en la que se culpa a todo y a todos por nuestro dolor.

 

Es una etapa donde se necesita la libre expresión del enojo sin juicio o represión; ya que esta ira es parte importante de nuestra curación interior.

Algunos de los métodos para expresar el  enojo pueden ser: visualización, conversación, escribir una carta, compartir con amigos, ejercicio físico, meditación ejercicios de respiración, entre otros.

  1. LA NEGOCIACIÓN: Esta es la etapa de la esperanza, que nos hace creer que lo que sucedió se puede posponer. Y nos lleva realizar tratos con un Poder Superior a nosotros, que puede ayudarnos a recobrar lo perdido.

 

  1. LA DEPRESIÓN: Es la etapa donde el doliente, siente agotado de luchar sin conseguir nada a cambio y cae exhausto al reconocer la realidad. Se llena de una tristeza tan profunda que puede llegar a deprimirse. Comienza a aislarse, porque siente incertidumbre ante la nueva realidad y cada tarea por pequeña que sea, se hace con mucho esfuerzo. Es una etapa dónde no se le encuentra sentido a nada, y eso hace que se siente el dolor en su máxima expresión.

 

  1. LA ACEPTACIÓN: Por último, llega el punto más importante. Ya que es el momento donde se hace las paces con la realidad y se llega a un estado dónde no se está de acuerdo con la pérdida, sino que se acepta como parte de la vida misma. Y se vive una nueva realidad donde surge la paz, la serenidad y una nueva libertad.

Aquí, algunos pasos que te pueden ayudar a adaptarte a las pérdidas en tu vida:

  • Reconocer y honrar las pequeñas pérdidas de la vida
  • Afronta con amor tus sentimientos
  • Cuida de ti con mucho amor. Eres el único responsable de ti mismo
  • Busca formas sanadoras de expresar tu ira, dolor, resentimiento
  • No te resistas al cambio
  • Confía en tus amigos y seres queridos
  • Busca ayuda profesional si lo consideras necesario
  • Revisa tus prioridades y busca nuevas oportunidades aun en medio del dolor
  • Agradece
  • No busques nada “externo” para tapar lo que sientes

Recuerda, cualquier suceso o percepción, que indique pérdida en tu vida; merece la pena ser revisado y ser honrado como duelo. Ten en cuenta que este proceso es un acto de sanación y de ti depende atravesarlo de una forma afectuosa y amorosa. Se amable contigo mismo. ¡Sigue adelante, la vida está aquí para ti!

 

Clau Palacio

Mentora, Escritora & Facilitadora PYSCH-K®

https://byclaupalacio.wordpress.com/

 

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